La violencia invisible hacia los mayores

COLUMNA

Para conmemorar el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, la directora del PEPSAM llama a reflexionar acerca de las distintas formas de violencia que sufren habitualmente las personas mayores.

 

 

Por Raquel Castro

Directora del Programa de Educación y Promoción de la Salud de los Adultos Mayores (PEPSAM) de la UNNOBA.

http://eluniversitario.unnoba.edu.ar/

 

El maltrato hacia las personas mayores continúa siendo un tema tabú en nuestra sociedad. Si bien ha comenzado a tener mayor visibilidad como problema en el mundo, aún faltan estudios y planes concretos de acción.

Se prevé que entre 2015 y 2030 habrá un importante aumento de la población de mayores de 60 años, lo cual puede llevarnos a predecir un posible aumento de casos de abusos y maltratos hacia ellos, si es que la sociedad no avanza en la toma de conciencia sobre la problemática. La comunidad internacional debe prestar atención al tema ya que afecta no solo la salud sino los derechos humanos de millones de personas alrededor del mundo.

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Esta problemática en general pasa inadvertida por temor a la exposición pública, miedo a las represalias, a perder el estatus familiar o el afecto (ya que en la mayoría de los casos son familiares cercanos o cuidadores), ante lo cual no se suele pedir ayuda

La OMS define como maltrato a la persona mayor a “la acción única o repetida, o la falta de respuesta apropiada” que lleva a producir “daño o angustia a una persona anciana”. Esto tiene lugar “dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza”.

En la sociedad actual, nos encontramos con diferentes formas de violencia. La directa es la más visible, la cual se manifiesta a través de agresiones que pueden ser: psicológicas (insultos, humillaciones, desvalorización, críticas, manipulación de la voluntad, etc.), físicas (golpes, empujones, puñetazos, etc.), económicas y financieras (venta o apropiación del hogar, cobro y uso de la jubilación sin consentimiento), sexuales, o de pérdida de libertad (institucionalización sin consentimiento).

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Existe, sin embargo, una violencia menos visible, inserta en nuestra cultura. Prejuicios, estigmatización y discriminación circulan de manera naturalizada. Esto puede verse reflejado en la homogeneización del trato a los mayores: “todos son vulnerables, seniles, infantiles, enfermos, pasivos, etc.”

Otra forma de violencia se da a través de los sistemas institucionalizados de los que dependen los mayores y no les proveen de insumos necesarios, medicamentos, prótesis, etc. Otro ejemplo son las largas filas que deben hacer muchos, durante horas, esperando para cobrar su jubilación.

En el contexto actual de la pandemia, la discriminación por edad se ha hecho más notoria por las disparidades en la protección social y de atención médica, o la ausencia de reconocimiento de la capacidad de una persona para la toma de decisiones por el solo hecho de ser mayor. Los expertos en derechos humanos de la ONU han advertido sobre estos aspectos, considerando que no debe haber excepciones cuando necesiten servicios de salud, debiendo ser respetadas las garantías fundamentales de los mayores.

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Hacia un paradigma de derechos

El Preámbulo de la Convención Interamericana sobre la Protección de Derechos humanos de las Personas Mayores de 2015 señala que tienen “los mismos derechos humanos y libertades fundamentales que otras personas”, incluido el de no verse sometidas a discriminación fundada en la edad ni a ningún tipo de violencia. Además, se reconoce el derecho a “seguir disfrutando de una vida plena, independiente y autónoma, con salud, seguridad, integración y participación activa en las esferas económica, social, cultural y política de sus sociedades”. Por eso, se plantea “la importancia de facilitar la formulación y el cumplimiento de leyes y programas de prevención de abuso, abandono, negligencia, maltrato y violencia contra la persona mayor”.

Como sociedad debemos fomentar la cultura del buen trato a través de la educación, la sensibilización y la visibilización. No podemos pensar a los mayores como un colectivo homogéneo, basado en el criterio de edad, desconociendo sus singularidades y posibilidades.

Es una cuestión que nos compete a todos, cualquiera sea la edad. Los mayores, a su vez, deben empoderarse haciendo respetar y reconociendo los derechos que tienen como ciudadanos.

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