Dos años del femicidio de Úrsula Bahillo: el dolor de su madre y la lucha contra los jueces

INFORMES ESPECIALES

  • Patricia Nasutti vive en el dolor, pero con una meta fija: lograr justicia por las 18 denuncias previas que no evitaron el femicidio de su única hija.

De Telenueve. Por Antonella Pisetta

Este miércoles 8 de febrero de 2023 se cumple un nuevo aniversario del asesinato de Úrsula Bahillo, la joven oriunda de Rojas. El Equipo Digital de Telenueve dialogó con su madre Patricia Nasutti, quien se convirtió en una referente para muchos familiares de víctimas de femicidio y violencia de género. El recuerdo intacto de su hija y la lucha incansable que lleva arriba de sus hombros hace exactamente dos años: logró que el femicida quede tras las rejas, pero ahora va por quienes no la escucharon ni a ella ni a Úrsula: los jueces y fiscales.

“Si no vuelvo, rompan todo”, ese fue el último mensaje que Úrsula dejó en su cuenta de Twitter. El lunes 8 de febrero de 2021 la joven fue encontrada muerta. Había sido asesinada a puñaladas. Su cuerpo estaba entre unos pastizales en un campo cerca de Rojas, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, donde ella vivía. El autor del crimen fue su expareja, Matías Ezequiel Martínez, un hombre de 26 años que trabajaba como policía comunal en esa localidad y la tenía amenazada.

Lo peor de todo fue la desidia del sistema judicial: 18 veces se habían acercado a la Comisaría -tanto la víctima como su mamá- a denunciar a Martínez y no recibieron las medidas que buscaban para garantizar la seguridad de la joven de 18 años.

En una entrevista a solas con el equipo digital de Telenueve, Patricia Nasutti abre su corazón y enfatiza la campaña que lleva adelante contra aquellos que no dieron respuesta a un femicidio anunciado: “No es nada fácil porque saben que fue una nena buscada, que su exnovio de cuatro meses, un policía, me la mate… Sigo por la destitución de los jueces y de los fiscales”. Ahora Patricia va por todo y todos. Ya no tiene a su hija, bajó 49 kilos, vive con custodia policial, está con tratamiento psicológico y no tiene más nada que perder. A su hija, se la arrebataron. Pero su lucha continúa. No debe haber más «Úrsulas». 

Amenazas y custodia policial: «Tengo muchas balas en mi cabeza»

Patricia Nasutti vive en Rojas, en la casa que compartía con su marido y su hija. Recibe atención psicológica y hace poco se recuperó de un tartamudeo producto de los nervios y el estrés. Su cuerpo es delgado y la mirada, profunda. Su pelo era rubio y brillante, como el de Úrsula. Hoy está completamente gris. Además, se separó del padre de su hija, Adolfo Bahillo.

Tras el asesinato, se volvió «un roble», tal como se lo prometió en el cajón. Se convirtió en una referente para muchos familiares no solo de víctimas de violencia de género, sino también de violencia e injusticia en general. Fue amenazada muchas veces y por eso vive con custodia permanente de la Policía Federal. «Si tengo que salir, me muevo con ellos, hasta el baño me acompañan porque soy buscada», revela Patricia.

Muchas veces intentaron amedrentar a Patricia, según cuenta, le apedrearon la casa, pero «eso fue lo más leve». Y lamentó: «Lo peor es el tema de las amenazas con armas y cuchillos, pero está todo bajo ciberdelito, así que ya está rastreada la persona que mandó distintas balas para mí». «Mi cara es muy buscada porque tengo muchas balas en mi cabeza. No puedo decir de quién, de parte del asesino, no, pero está todo asentado en la Justicia», aclara. Es que luego de conseguir que el asesino esté tras las rejas, con cadena perpetua, va por más.

Patricia no acepta la desidia burocrática y judicial que vivieron tanto ella como su hija e inició una campaña para pedir la destitución de los jueces y los fiscales que intervinieron en el caso: «El próximo paso, después de la destitución de los jueces, es la de los ayudantes, de personas que ya declararon en una oportunidad y en la sentencia declararon por falso testimonio otra cosa, también voy por ellos. Voy por todo y por todos».

Pero su lucha no termina ahí. «Voy por demanda al Estado y voy a levantar siempre la bandera y la memoria de mi hija, siempre en todos lados y jamás, jamás la voy a hacer política», asegura.

Luego del femicidio, el Papa Francisco se comunicó ella  y le dijo que su hija «ya descansa con Dios». Patricia fue catequista durante 25 años y aun así se pregunta: «El ‘barba’ me debe una charla cara a cara para preguntarle por qué me hizo esto. ¿Prediqué el Evangelio para que me haga esto? ¿Para que Úrsula tenga este final?».

La campaña para destituir a jueces y fiscales

A través de una petición en Change.org, Patricia lidera una campaña para la destitución de Marcelo Romero, subrogante del Juzgado 1 del Departamento Judicial de Mercedes, y del Juez de Paz Luciano Callegari. «Iba por el apartamiento, pero directamente no, ahora quiero la destitución porque con el apartamiento siguen teniendo los beneficios», afirma. «Marcelo Romero, que fue el juez subrogante, que lo tenía que detener -a Martínez- el 5 de enero y no lo detuvo porque estaba en la pileta. Y voy por Luciano Callegari, el juez de Paz que me dijo cuando lo denuncié, que no era un muchacho peligroso y bueno, nada, la mató», lamenta. 

Según la Agencia Télam, sobre Callegari hay un pedido de juicio político impulsado por la Defensoría del Pueblo bonaerense, junto a los organismos que forman parte del Consejo para la Prevención de las Violencias, por considerar que el magistrado mostró negligencia e incumplimiento de sus deberes. «Hay muchas cosas que no puedo contar, sé que por lo menos un juez está llorando porque sabe que la destitución le va a caer y sabe que actuó mal con Úrsula. Pero bueno, el saber y el llorar, a mí no me interesa porque él sigue disfrutando de sus hijos y su familia y yo quedé sola», dice Patricia.    

El femicidio de Úrsula

Úrsula no aparecía. El 8 de febrero de 2021, el tío de Matías Martínez recibió un llamado. «Me mandé una cagada», le dijo. «La cagada» era haber perseguido a la joven, degollarla y apuñalarla 15 veces con un cuchillo de carnicero. El hombre, sin saber lo que había pasado, llamó al 911. El cuerpo de la joven fue encontrado en el paraje rural Guido Spano. El asesino se clavó el arma homicida en el abdomen, intentó escapar a pie por los pastizales, pero fue detenido.

«Úrsula tenía derecho a vivir y que nadie le cortara, ni la matara, ni la tajearan. Ni que le cortaran un dedo para robarle el anillo, ni que la degollaran o le clavaran el cuchillo en el ojo para sacárselo», añade Patricia, entre lágrimas.

La moto de la joven está en el living de la casa de Rojas. Intacta. Solo la pudo usar un mes. «A pesar de que (Martínez) la corrió con el auto y ella cayó a un zanjón de un metro y medio de barro y agua, así que bueno, la hice arreglar para que no se estropee. Por respeto a Ursu, no voy a hacer sucesión ni nada por el estilo y va a quedar a nombre de ella como se la compré», asegura la madre.

Martínez fue sentenciado a cadena perpetua el 14 de diciembre de 2021 por «homicidio doblemente agravado por el vínculo, por alevosía y por femicidio». Sobre sus sentimientos, al lograr que el asesino esté tras las rejas, Patricia sostiene: «Pensé que iba a tener un alivio, pero es mentira. Es un autoengaño que uno se hace como mamá para tapar los sentimientos. Los sentimientos no los tapa con nada. La mochila es muy pesada, muy, muy pesada. La ausencia es tremendamente horrorosa».  

¿Quién era Úrsula Bahillo? 

Joven, radiante. Fanática del Club River Plate. Estudiaba dos carreras a la vez. Aplicada, divertida. Ella era muy compañera de su mamá y muy afectuosa. A los diez años tuvo cáncer de pecho y se salvó. «Entonces ella usaba corpiños deportivos y era una niña que nunca usó escotes. Ella nunca mostró, de hecho no utilizaba malla, usaba un short, era una niña muy, muy tranquila», cuenta la madre a Telenueve Digital.

Terminó el colegio en 2019 y había comenzado a estudiar la carrera de Psicopedagogía en Pergamino, muy cerca de su ciudad. Por la pandemia, volvió a su querido Rojas, ya que no podía continuar con las clases presenciales. Hizo cursos de acompañamientos gerontológicos para así poder ayudar en los geriátricos. También, se había inscrito para estudiar para maestra de grado.

Su dormitorio está intacto. A veces la mamá deja la tele prendida en los canales de deporte, que le gustaba mirar a Úrsula. Sobre su personalidad, Patricia revela: «Era una nena que ayudaba a todos, pero no se metía con nadie. Se cruzó esta persona en el camino de ella… Extraño absolutamente todo de ella». Cuando Patricia se casó, tuvo problemas para tener hijos y fue por eso que con su esposo decidieron comenzar un tratamiento de fertilidad que duró 10 años para concebir a Úrsula. «Era una nena muy deseada», rememora.

En medio del dolor, Patricia Nasutti lleva adelante la campaña por la destitución de los jueces y afirma que no se callara. Su voz es el grito de Úrsula, el grito de todas las que hoy no están. Sigue adelante porque su hija no volvió y por ello está dispuesta a «romper todo».  Es la promesa que le hizo el día que le tuvo que decir adiós. Es la promesa que lleva marcada en la piel.

DE TELENUEVE.

Edición periodística: Roxana Toral Reyes

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