La desgarradora historia de los pumas de Colón: llevan 15 años en cautiverio y están por olfatear la libertad

ARTICULO DE REVISTA GENTE

  • Sus miradas están acostumbradas a las rejas. Sus oídos al sonido de los bombos y los gritos que provienen de una cancha de fútbol. Ellos son hermanos, pero es la desidia humana la que los une. Revista Gente conversó con Fernando Pieroni y Melisa Burzio, los activistas que tienen una buena noticia para contar.

(De Revista Gente).- Quienes se refieren a ellos no los nombran, no los individualizan. Simplemente son «los pumas de Colón». Los que sobrevivieron habría que aclarar, porque en el 2010, en ese rincón gris de la provincia de Buenos Aires, convivían nueve pumas…

«A estos tres hermanitos los encontró un productor agropecuario en una tapera abandonada de la localidad de Rojas. Y en vez de dejarlos -que si estaban ahí es porque su mamá también estaría por ahí-, los levantó y los entregó al zoológico de Colón. Quizás pensó que hacía una buena acción, pero les quitó la libertad», arroja Melisa Burzio (38), la activista de Colón que lleva más de una década luchando por el bienestar de los animales junto a la agrupación Cerremos el Zoo.

Ella aclara que si bien estos tres ejemplares llegaron de bebés, no existen registros de en qué momento específico ocurrió esto porque «el zoológico era tan ilegal que no hay registros ni de ingresos ni de egresos de animales. Tampoco fichas sanitarias. Nada».

«Solo metían animales en las jaulas y si se enfermaban o se lastimaban desaparecían. A los vecinos nos decían que llevaban a los animales a otros zoológicos para curarlos pero, con el paso de los años, supimos que los ‘reciclaban’ -por así decirlo- para darles de comer a otros animales. Incluso llegamos a hacer una cámara oculta en la que reconocieron que doparon a un león que terminó en un coto de caza. Era un desastre. No sé si tanto como el zoo de Luján, pero el segundo en horror seguro que sí. Con la peculiaridad que nosotros al lado del predio tenemos una cancha de fútbol…», denuncia Burzio a 10 años de la inhabilitación del zoológico.

El zoo cerró, ellos quedaron ahí

Una a una se fueron cerrando las jaulas y los animales se fueron alejando del centro de aquel pueblo bonaerense. Pero los pumas –que no tenían nombre «porque los animales del zoológico de Colón nunca tuvieron nombre»–, fueron testigos del derrumbe de las demás jaulas mientras ellos se quedaron ahí…

Y su primer traslado no fue para bien, sino todo lo contrario: ya con el zoo cerrado los movieron a una jaula de cemento en la que no podían ni caminar cinco metros.

A aquella jaula «realmente diminuta» le siguió un traslado a un recinto techado que anteriormente había estado ocupado por tortugas, gallos, conejos y aves.

Lo demencial del lugar en el que están los tres pumas

Las mañanas, las tardes y las noches de estos tres pumas –un macho y dos hembras– transcurren ante las miradas ajenas en medio de la plaza principal del pueblo de Colón, en la provincia de Buenos Aires, y a escasos metros de una ruidosa cancha de fútbol y dos escuelas.

«¡Es una locura!: estos pumas están olvidados en el medio de la plaza del pueblo de Colón, en donde antiguamente funcionaba un zoológico que cerró sus puertas en noviembre del 2013. Quedaron ahí, con una cancha de fútbol al lado, ¡y eso no puede ser!», asegura enfáticamente Fernando Pieroni (42), el presidente de la Fundación Planeta Vivo que está luchando por cambiar la realidad de estos pobres felinos.

Ahondando en el predio deportivo, Melina detalla: «Es una cancha en la que se compite y en la que hay partidos todas las semanas con hinchada, bombos y en su momento hasta con pirotecnia. De hecho, una de las entradas a la cancha era a través del zoológico, y la gente para no pagar la entrada a veces se colaba trepándose por las jaulas».

«Los pumas se ven desde la vereda, porque están a cuatro metros de la misma, y la gente puede acercarse en cualquier momento a ellos porque no hay controles. Es un peligro constante», alarma Burzio y detalla: «Nosotros nunca dejamos de temer que los envenenen o que simplemente los maten, como pasó con otros animales que estuvieron en el zoológico».

«Cuando empezamos a pedir por ellos, ellos tenían un año y medio o dos, y fuimos testigos de cómo la juventud se les fue en esa plaza… Sólo espero que la muerte los encuentre en algún lugar mejor», desea Burzio.

La cruzada que busca mejorar sus vidas

Fernando Pieroni, quien es sumamente escuchado y admirado en las redes sociales, nos cuenta: «Nosotros nos enteramos del caso hace dos años e hicimos un viaje a Colón para ver la situación de los animales y juntarnos con la gente del municipio para coordinar los traslados. Claramente nada de eso se pudo concretar con la gestión anterior. Pero hace unos cinco meses yo publiqué un video que se hizo viral y el tema tomó relevancia nacional. Cuestión que la nueva gestión decidió que ya es hora de sacar los pumas y nos contactaron para empezar a coordinar los traslados».

«Con mucha alegría puedo decir que después de varias charlas y entrevistas estamos a nada de trasladar a los tres pumas al santuario de Tekove Mymba en el que en este momento se está construyendo un recinto zarpado que va a tener poco más de tres hectáreas de área silvestre con todo lo que esos animales tienen que tener», asegura Pieroni.

«Estamos en las instancias finales de documentación, papeles y permisos que se necesitan. Porque se necesita el permiso de fauna de la provincia de Buenos Aires, el permiso de fauna de la provincia de Entre Ríos –para ingresar los tres pumas a su provincia–, y el permiso de Secretaría de Ambiente de la Nación para moverlos de provincia en provincia. Hoy ya tenemos los dos primeros firmados, y la buena voluntad del tercero. O sea, todavía no tenemos el tercer permiso firmado, pero a mí me dijeron presencialmente que ‘me quede tranquilo, que va a estar todo bien’. Así que calculo que en menos de un mes esos pumas van a tener la vida que merecen. Y todo lo que es logística y traslado va a estar a cargo de nuestra fundación», comunica Pieroni esperanzado con el futuro de los animales.

El santuario de fauna silvestre que los espera

«Tekove Mymba» –en idioma guaraní significa «Vida Animal”– es el primer santuario animal de la República Argentina y el único santuario multiespecie de Latinoamérica.

«Es un centro de rescate y reconversión de fauna proveniente de zoológicos, maltrato y tráfico animal que tiene como único objetivo su bienestar con la intención de darles una vida lo más parecida posible a su vida en libertad», definen en la web de la ONG de la provincia de Entre Ríos que cuenta con grandes recintos con sábana, lagunas, grandes árboles, selva en galería, arenales y cañaverales.

Osos pardos, ligresas, muflones, caballos, búfalos, ñandúes, pumas, jabalíes, ciervos, guacamayos, faisanes, monos y carpinchos forman parte de los trescientos animales que actualmente viven ahí.

«Ellos van a disfrutar de más de tres hectáreas para ellos solos cuando el zoológico de Colón, en su totalidad, debe haber tenido unas dos hectáreas y media para cientos de animales», resume con felicidad Melisa.

Tan argentinos como nosotros

«Los pumas están en estado crítico en nuestro país. Y son autóctonos, son nuestros», dice con firmeza Pieroni, el hombre que lucha por los derechos de los animales, y continúa: «Pero en nuestro país hay muy poca tolerancia con los pumas; los terminan cazando, sus crías quedan huérfanas, y surge el mascotismo o el tráfico de fauna… y todo siempre termina con el animal en una jaula. Es una situación terrible y lamentable a la vez».

«Todas las instituciones zoológicas, reservas, santuarios o lo que te imagines están llenas de pumas, y nadie los recibe porque es un animal que no se puede liberar. Tampoco hay un plan de acción de conservación en nuestro país», comparte Pieroni y Burzio, de acuerdo, refuerza: «No existen reservas para ellos. Ningún gobierno pensó en estos animales autóctonos, y eso que hay pumas decomisados, pumas víctimas de mascotización, de circos, de zoológicos y tantas cosas más. Pero no tienen quién los proteja».

Fotos: Gentileza Cerremos el Zoo y Fundación Planeta Vivo

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